ANIVERSARIO DE MADERA Y EL INTRUSO

El mes pasado Jacob y yo tuvimos el privilegio de celebrar cinco años de casados. Pero con toda la bullaranga de diciembre, me fue difícil sentarme a escribir al respecto. Como ya pasó navidad, año nuevo, día de reyes y toda la ñapa… ahora sí tengo chance de pausar, recordar, y escribir (porque para eso es este espacio).

Primero que nada… ¡CINCO! ¿Como es posible? “¡Si solo somos unos niños!” Pues ni tan niños, al parecer. Éramos los niños, que ahora tenemos niño propio y cuyo amor y unión crece proporcional a los años vividos juntos. Todo por la gracia de Dios.

Hace cinco años me corrí el maquillaje de tanto llorar de alegría (para después tomar un millón de fotos. Mas inoportuno imposible) al decirle “SI” para siempre al hombre mas maravilloso que he conocido en la vida.

Hace cinco años me cambió el nombre a uno que es un poquito mas difícil de pronunciar pero que incluso me volvió mas YO de lo había sido jamás, pues estoy convencida de que aunque la vida sin mi esposo “sigue siendo vida” no hay otra vida que elegiría aparte de él.

Hace cinco años este hombre inteligente (doctor), paciente (por demás), atlético (de estatus élite), y musical (que aun me serenatea) bajo algún encanto mágico me eligió A MI entre todas las mujeres del mundo, para que fuese su compañera de vida. Y no les miento ni un poquito al decirles que esa “magia” sigue viva todos los días en medio de la cotidianidad que es vivir como esposos y ahora como “papá y mamá”.

Estoy infinitamente agradecida.

Este año, fue la primera vez que pudimos ahorrar una cantidad de dinero considerable para poder hacer un viaje de aniversario decente. Con hotel, champaña y las fresas con chocolate (mmm… las dos ultimas me las inventé). Aunque siempre hemos intentado hacer algo especial, este fue el primer año en el cual Jacob tuvo un trabajo de “adulto” (yo tenía trabajo de semi-adulto antes de Santi) y pudimos recaudar un mini-tesoro para darnos una (mini) bomba de celebración.

Nos fuimos al destino super exótico de Sàn Francisque.

Teníamos planeado ir a un concierto de música clásica, comer en restaurantes donde hay que portarse bien y te cuesta ver la comida, ir a un parque de montañas rusas (a los cuales no hemos ido desde que salí embarazada), conocer un poco mas la ciudad y para cerrar con broche de oro, Jacob competiría en una carrera de 50k para la cual había entrenado durante el otoño. Todo esto sans Santi. Obvio.

Peeeeeeerooooo como dice la canción…. la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… ay no.

Parte de nuestro plan incluía que mis papás estuviesen acá y como buenos padres y abuelos, disfrutaran de sus propias vacaciones con su nieto favorito. Nada podía ser mas ideal.

Peeeeeeroooo… bendita canción.

Les ahorro el drama y resumo diciendo que mis papás tuvieron que posponer su viaje y Santiago terminó de lamparita. Nos tocó reestructurar TODOS los planes y mentalizarnos con la idea de que las vacaciones familiares también pueden ser románticas. Empacamos el coche (¿paseante?), el corral (cuna), juguetes, libritos y muchas meriendas.

Romance total.

No mas concierto clásico, no mas restaurantes donde se tenga que hablar calladito y vestirse bonito y a olvidarse de la adrenalina de las montañas rusas. En cambio buscar: museos infantiles, paseos familiares, actividades “kid friendly” y menú para niños. Repitan después de mi: ¡Romance TOTAL!

Aunque a algunos les parezca trivial todo esto (y reconozco que en parte lo es), lo cierto es que estábamos muy emocionados de irnos los dos solitos por unos días y nos tomó un poquito de tiempo el dejar las expectativas que habíamos creado a un lado. Pero después que maduramos, comenzamos a planear como haríamos lo mejor de la situación y como aprovecharíamos aún nuestro aniversario al máximo. Después de todo, Santiago es uno de los resultados mas importantes de nuestra unión hasta la fecha.

Con maletas hechas, nos fuimos a la hora de la siesta para que Mr. Tiago durmiera un par de horas en el camino. En teoría solo nos toma cinco horas llegar a San Francisco desde acá, pero con la lluvia, el accidente en la carretera y la cola del peaje (sin mentira alguna) nos tomó casi 8. El peaje fue la peor parte y aunque Santi tuvo unos momentos de debilidad, nos dio mucho mas de lo que esperábamos. ¡Creo que fue mas paciente que yo!

Al fin llegamos a nuestro AirbnbHabíamos decidido de antemano que queríamos explorar el mission district así que reservamos una habitación en una casa de esas Franciscanas igualita a la de 3×3.

El mission district es un lugar no muy amigable para niños pequeños. Mas hipster y me da un infarto. Las calles son estrechas y no es lo mas pulcro de la vida. Sin embargo, es un paisaje urbano muy pintoresco lleno de arte callejera por todos lados y mucha comida buena. Es un lugar con historia y personalidad. Si están por San Francisco uno de estos días se los recomiendo. Comimos en dos lugares suuuuper glamorosos. El primero, unos tacos que ponen en vergüenza a los del sur de California en El Farolitoy en una panadería de esas que al entrar me hizo pensar en Venezuela porque el olor a pan fresco por aquí es muy escaso. Escuché que las pizzas son buenísimas y estoy jugando con lo del glamour. Son lugares categoría “tres b”. ¡Como me gustan a mi!

Aquí unas fotitos de esta parte del viaje…

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Luego nos fuimos al hotel que habíamos reservado. Nos alejamos un poquito mas de la ciudad para estar no tan sumergidos en el caos y un poco mas cerca de donde sería la carrera que era al pasar el Golden Gate Bridge. Otra vez tuvimos que cambiar de planes porque durante esos dos días se prendió un “palo de agua” (una tormenta) que nos dejó solo ir a comer y al mall. Les confieso, yo no soy fanática de los centros comerciales, prefiero estar al aire libre, y si es en medio de la naturaleza mejor. Peeeero, tener a un nené de año y medio encerrado en una habitación de hotel todo un fin de semana es casi una mini tortura china. Lindo y todo pero termina todo el mundo impaciente. Así que buscamos a donde ir bajo el refugio del aguacero y terminamos comiendo churros, montando carruseles y tomando fotos instantáneas mas caras que un almuerzo. Santiago dio sus primeros pasos es este hotel y sus papás lo aplaudieron y apurruñaron hasta mas no poder.

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¡Por fin llegó el día de la carrera! Y la lluvia nada que paraba. De hecho, al manejar hasta donde comenzaría la carrera, en Marin County (uno de mis lugares favoritos en Cali), nos dimos cuenta que la lluvia estaba aún mas fuerte allá. Si por casualidad de la vida conoces a un corredor de ultramaratones, sabes que a esa gente no los detiene NADA.

Ver a Jacob competir es una de mis cosas favoritas en el mundo. Cuando pasa por las estaciones de ayuda (donde hay comida y electrolitos y todo tipo de dulces) grito como una loca y recibo un beso de campeón. Esta vez pude llevar a su fan #2 (yo soy la primera) y refugiados en el carro y armados con un paraguas pudimos hacerle bulla cuando lo vimos pasar. Aún puedo escuchar a Santiago decir “go go go papiiiiii”. (Insertar emoji de ojitos de corazón). Fue una carrera exitosa, emocionante y muy mojada.

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El sol decidió salir nuestro último día en la ciudad. Esto me llenó de alegría porque habían varios rinconcitos de SF que aún quería descubrir y se nos dio justo eso, un chancecito para ver lo que no habíamos podido explorar en esta ciudad que tiene tanto que ofrecer.

Una de las cosas que mas me gustan de nuestro aniversario es que es en Diciembre y en cada viajecito que logramos hacer, todo está vestido de navidad, alegre y con ese no se qué en el aire. San Francisco no fue la excepción. Fuimos a parar a union square y había un concierto navideño con pista de hielo y árbol de navidad gigante. Muy home alone la cosa. Caminamos, escuchamos, visitamos, comimos y por accidente dimos con Chinatown. Eso es un post por separado.

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Después de caminar toda esta parte, nos fuimos a un paseo en bicicleta atravesando el puente. Pasado el llanto, la pelea, la indecisión, la terquedad por una parte y falta de resistencia física (¡hijoemadres colinas!) por otra, les juro que la pasamos chévere. No siempre es fácil tener que adaptar lo que visualizamos a la realidad, pero tener un pequeñito en un viaje siempre nos va a obligar a hacer esto. Les resumo diciendo que tuvimos que devolvernos después de haber andado un rato y cambiar de bicicletas porque Santiago no soportaba estar botado en el carrito atrás (de esos tipo tráiler) y compramos varios paquetes de galletitas para que papá se las pasara cada diez segundos. Las meriendas parecen arreglarlo todo a esta edad. Si no tuviera vergüenza les mostrara las fotos de la cara de perro que tenía al principio del paseo… pero todavía no estamos en esos términos. Mejor les muestro las de Santiago porque siguen siendo tiernas.

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Les termino contando que cerramos nuestras mini vacaciones con broche de oro comiendo de nuevo (obvio) y dando por casualidad con una repostería en donde encontramos una torta de red velvet con cream cheese icing que fue la que tuvimos en parte de nuestro pastel de bodas (y que resulta ser mi favorita). Con café en mano y bebé dormido, ¡listos para manejar durante la noche!

Este cambio de planes nos cambió de aniversario romántico a vacaciones familiares impredecibles y eso no lo cambiaría por nada del mundo. Aprender a improvisar y a hacer lo mejor de cada situación son ingredientes básicos en la receta de la maternidad.

¡Gracias a Dios por su bondad infinita! Y a ti por pasar a compartir con nosotros. ¿Le ha tocado alguna vez tener que cambiar todos los planes antes de vacacionar? ¿Quien fue el culpable? ¡Cuéntenme!

¡Muchos abrazos y feliz fin de semana!

Con cariño,

Carmen.

 

 

7 COMMENTS

  1. Jenny | 24th Jan 17

    Muy lindo tu relato…hasta dije en voz alta “Romance Total” y me esposo me volvió a ver con cara de: “que hice ahora?” jajaja La maternidad es todo una aventura. Me ha tocado muchas veces cambiar de planes la mayoría de domingos porque al llegar a un lugar no lo vemos tan adecuado para los pequeños. También ahi esta la belleza de la maternidad. Que ellos estén felices y terminemos bien el día es lo mas importante.

  2. Alex Tabar | 25th Jan 17

    Me encanta el tono de este artículo. Aunque no conozco tu voz, sentía como si me lo estuvieras contando. ¡A mi me encanta San Francisco! Me alegro que hayan disfrutado el viaje en familia y espero que para el 6to aniversario los abuelitos si puedan llegar a tiempo y se vayan a celebrar con champaña y fresas de chocolate 🙂

    • hastaquellegastetublog@gmail.com | 27th Jan 17

      Alex, eres un Sol!<3 y amen! jajaja! Espero pronto nos conozcamos y echemos cuentos en vivo y directo! Abrazos!

  3. Erika Grediaga | 26th Jan 17

    ¡Qué de aventuras! Yo soy fan de la ciudad de los ventarrones, pero aún no me toca vivirla con mis hijos… ¡hace más de 10 años que no voy a San Francisco! Y bueno, una cosa que uno aprende a la fuerza siendo papás es a ser flexibles e improvisar. ¡Qué bueno que se la terminaron pasando bien!

    • hastaquellegastetublog@gmail.com | 27th Jan 17

      Wow Erika! Me pregunto como observarás lo que ha cambiado cuando tengas el gusto de regresar! ¡A mi también me encanta!

  4. Danay | 26th Jan 17

    Gracias por compartir este cuento de su dia especial. Saber improvisar con sonrisa es un gran beneficio en la vida y especialmente en un matrimonio y con los hijos. ¡Feliz Aniversario!

    • hastaquellegastetublog@gmail.com | 27th Jan 17

      Toda la razón! Ellos con su alegría también traen lo imprevisto! Y cada onza vale la pena!

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